08/05
Sigue sorprendiéndome como pequeñas acciones pueden desencadenar todo un mundo nuevo. El de esa mañana, fue simplemente haber usado la camiseta de Argentina y pasearme con la bici por las calles de Génova. Hasta que el grito surgió.
- Ey, argentino! – Me grita “El Tío” desde su habitual escalón de mármol, asiento preferencial para observar los posibles clientes que se acerquen a su puesto de artesanías. – ¿Que vas a hacer mañana? – me pregunta.
- No lo sé, solo pensaba tomarme unas fotografías y seguir camino.
- Nada, esta noche te quedás en mi casa, porque mañana es mi despedida, hay fiesta con todos mis amigos y vos tenés que estar. – El tío me comentaba que volvía a la Argentina después de 30 años de exilio, y que lo hacía indignamente como un turista extranjero.
La paleta comenzaba a llenarse de colores, ahora era solo cuestión de esperar que el destino empezara a trazar los primeros bocetos. Las primeras pinceladas fueron de color Juan y Kiangpo, amigos del tío que estaban dándole una mano con la organización de su fiesta.
- ¿Y esta noche que vai a hacé pué huevón? – Me dice Kiangpo con su acentuadísima tonada chilena – Esta noche tenemos cena en lo de una amiga, venite pué huevón!.
Sin saberlo ya estaba tejiendo la red que no me dejaría escapar fácilmente de esta ciudad. Con la cena y un par de salidas, la lista de amigos iba creciendo exponencialmente poniendo en jaque mate cualquier idea de escapatoria. Pero el primer día aún no había terminado, todavía tenía un hermoso regalo que desenvolver. Sin romper bruscamente el papel, fui descubriendo los primeros rasgos. Encontré primero una mirada profunda y clara, luego una sonrisa que iluminaba el salón, labios dignos de ensueño y por último una alegría que hacía juego con mi vida. Era el regalo ideal. Le agradecí mucho a Dios, no sé como hizo para saber mi número de talla tan perfectamente. Lo que sí olvidó de apuntar en la tarjeta, era que se trataba de una cenicienta, que culminada la mejor noche, desaparecería misteriosamente por los estrechos vicos de Alassio.
Los días fueron transcurriendo y mi estadía se hacía cada vez más placentera. Bailé con los Pedro Navaja, improvisé musicalmente con Mati, dejé volar la imaginación con las locuras de tres lindos cordobeses: Nati, Maricel y Hernán, fuí poeta y cantante desafinado con Iván, traductor del complejo italiano de Sandro, sommelier con Kiangpo en el lindo pueblo de Montareto, asesino serial teniendo como víctima a Juancito, quedé fascinado con la buena energía y el español de Andrea, escuché con detenimiento el jazz de la vida de Mario, escalé los picos más altos con Elio, seguí viajando junto a Stéfano, llevamos adelante la squadra di calcio junto Sara y Giorgio, fuí vegano con el humus de Eleonora y analista de letras de canciones con Valeria.
Si les cuento que hice todo esto en 20 días, ¿me lo creen?
Yo todavía no me lo creo. Debe ser un sueño hermoso del que no quiero despertar.
Antes de despedirme, les quiero transcribir una poesía que me regaló Maricel, a la que tuve que insistir mucho para que me permitiera compartirlo:
Besos super felices desde Génova.
Mauri
Fotos:
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| MEB 2011 – 07) Génova |
Tienes que seguir viajando, conociendo gente, erogando sonrisas y alegrìa.
Y no te olvides que aunque no se podìa hacer nada diferente, has dejado algo importante atràs de ti.
Un beso grande
Jaja, no no Marquito. Por respeto no publiqué su nombre ni foto.
Ma quando ci vedremo il prossimo lunedí, ti insigno la foto e il suo nome
Fue lindo tenerte por aca mauri!! para mi tambien es increible como pequenos encuentros o decisiones pueden abrir mundos!
No hay nada mejor en la vida que encontrar gente en sintonia con uno. Como pasò entre todos nosotros en este caso.
Sigue disfrutando tu viaje! ya pasaras por aca a contarnos como te fue.
Un abrazo grande po hueòn!!!
Un abrazo muy Grande para un tio de verdad GRANDE!!!
Sigue.. sigue! avanza Mauri!